Erik Malpica Flores : Quién es el abogado del diablo

¿Quién no ha dicho alguna vez a otra persona que está haciendo de abogado del diablo?, o ¿quién no ha afirmado en una conversación que va a tomar el papel de abogado del diablo?, parece que esta frase no es una de esas típicas frases del infierno, aun así, todos sabemos lo que queremos decir cuando hacemos esta indicación. Estamos defendiendo una posición o argumentación en la que no creemos para descubrir posibles fallos.

¿Quién es en realidad el abogado del diablo?

Erik Malpica Flores : Quién es el abogado del diablo

Para contar la historia de quién es el abogado del diablo debemos remontarnos al año 1170 d. C., con la llegada del Papa Alejandro III, el cual emitió una bula donde creaba un cargo nuevo dentro de la santa sede. Se trataba del denominado “advocatus diaboli” mejor conocido como el abogado del diablo. Pero te preguntarás cuál era su papel…

Verás, el abogado del diablo era un promotor de la fe que actuaba como una especie de fiscal, solo que este se encargaba de cuestionar los testimonios, los milagros, investigar a los testigos y aclarar toda duda sobre por qué alguien era un santo o no. Para lograrlo, debía ser un pontífice sumamente preparado y debía tener al menos un doctorado en derecho canónico. En pocas palabras, se encargaba de los procesos de beatificación o canonización de la iglesia católica.

Asimismo, el abogado del diablo se tomaba muy en serio su cometido, tanto que, en muchas ocasiones, los procesos de canonización se alargaban por largos periodos de tiempo, y muy pocos se resolvían favorablemente.

1. La historia del abogado del diablo

Al descubrir quién es el abogado del diablo, debemos tener en cuenta una cosa: en 1587, el por entonces papa, Sixto V, determinó que este oficio debía seguir para asegurar que aquella persona que iba a ser beatificada o canonizada era merecedora de ese honor. Llegar a la santidad no podía ser fácil, ni estar al alcance de cualquiera. El abogado del diablo parecía situarse en el bando contrario al del candidato, se oponía a su elevación a los altares, argumentando en contra, cuál si fuera un auténtico demonio y resaltando cualquier problema o defecto en la persona que se estaba proponiendo.

La Iglesia pensaba que, ya que esa persona iba a ser un modelo a imitar por todos los católicos, sus virtudes debían estar más allá de toda duda. Este era su cometido, poner pegas y sembrar dudas para que fueran despejadas en favor del candidato, y si no era así, no se beatificaba o canonizaba a esa persona. Su opositor en el “juicio” al candidato era el “abogado de Dios” o “advocatus Dei“.

2. ¿Cuánto poder tuvo?

Erik Malpica Flores : Quién es el abogado del diablo

El abogado del diablo, aunque no lo parezca tuvo gran poder, estamos hablando de la persona que avalaba las historias de los santos, por lo que debía superar la animadversión de los lugareños en unas épocas en la que todos los países, pueblos y ciudades querían tener su propio santo, sus milagros y un culto hacia este. Desde el siglo XI hasta el siglo XIII se rigió la bula de Alejandro III, donde se instauró las primeras normas legales que se debían aplicar para canonizar a una persona.

Este fue un primer paso para determinar quién es el abogado del diablo, no obstante, no había terminado. La reforma protestante tuvo mucho que ver en esto: esta se encargó de presionar a la contrarreforma católica para que hiciera un examen mucho más minucioso sobre la vida y los milagros de los santos, así como también de los objetos religiosos antiguos.

Así fue, como te contamos al inicio del artículo, que el Papa Sixto V creó la oficina del Promotor Fidei o promotor de la fe. Pero para los ojos de Dios ¿cómo era visto el abogado del diablo? Bueno, para 1708 esta labor era considerada de suma importancia, incluso el abogado del diablo se convirtió en el funcionario más importante de la Sagrada Congregación de Ritos. Ya para 1913, la enciclopedia Católica declaraba muy detalladamente la función del abogado del diablo:

“Es su deber sugerir explicaciones naturales para los supuestos milagros, e incluso presentar motivos humanos y egoístas por hechos que se han considerado virtudes heroicas… Su deber le exige que prepare por escrito todos los argumentos posibles, incluso los más leves, contra la subida a los honores de altar. El interés y el honor de la iglesia se preocupan por evitar que alguien reciba los honores que a su muerte no se hayan demostrado jurídicamente haber sido preciosos a los ojos del señor”.

Fuera de la función que cumplía el abogado del diablo, las personas que iban a ser canonizadas debían cumplir una serie de requisitos mínimos, entre ellos demostrar que habían realizado al menos cuatro milagros, por lo que muy rara vez alguna persona era canonizada y aprobada por el abogado del diablo.

3. Eliminación del cargo

En 1983, durante el papado de Juan Pablo II, la figura del abogado del diablo fue eliminada; para ese momento el ejercicio que realizaba el abogado del diablo se había deslegitimado paulatinamente. Entonces, hubo la necesidad de cambiar un poco las reglas para las canonizaciones y beatificaciones. Desde ese momento hasta la actualidad existe el llamado “promotor de la justicia” que, si bien comparte ciertas particularidades con las del abogado de diablo, difiere en algunas de ellas.

Entre las funciones actuales, el promotor de la justicia actúa como una especie de secretario encargado de presidir las reuniones con los teólogos y prepara los informes de esas reuniones. Asimismo es el encargado de vigilar que la investigación sobre el postulado se haga de manera rigurosa y veraz. Por supuesto que siguen existiendo normas y revisiones con indicaciones muy precisas para los procedimientos de beatificación y canonización; sin embargo este rol está mucho más matizado.

Otro dato curioso sobre la transformación de la labor del abogado del diablo es que el promotor de la justicia no tiene que pertenecer a la curia, e incluso se valoran testimonios de personas críticas con el candidato. En este papel podemos mencionar al periodista Christopher Hitchens, anti-teísta y anti-religioso, que en 2002 hizo de testigo en el proceso de beatificación de la Madre Teresa de Calcuta. La famosa novela de Morris West El abogado del diablo, se hace evidente el cometido de este fiscal en las causas de los santos.

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